lunes, 1 de febrero de 2010

El pizzo de la SGAE


Me contó Andrea, un compañero de residencia durante mi año erasmusiano en Düsseldorf que en Nápoles, su ciudad de origen, cuando alguien monta un negocio, sea una panadería, un restaurante, una bollería o cualquier otra negocio recibe la visita de unos señores amabilísimos.
Tál es la amabilidad de estos señores que, a cambio de cierta parte de los beneficios que obtiene el empresario de su negocio le ofrecen protección, es decir, una póliza de seguros, que en Napoles se conoce comúnmente como pizzo.
Tál efectiva es esta poliza que si no la contratas puedes estar seguro que te va a pasar algo a ti, a tu mujer o a tu negocio. Segurísimo.
Como la cuantía de la póliza es proporcional a los ingresos que obtienes en el negocio, los responsables del seguro a la par de ofrecerte una protección integral también se encargan del marketing, es decir, procuran que el negocio esté funcionando a pleno rendimiento.
Es decir, solo un tonto no pagaría.... bueno, vale... un tonto y uno que no tiene muchas ganas de vivir.
Con estos métodos la Camorra se hizo con el puesto de primer empleador de Italia, es decir, ofrecen más puestos de trabajo que la Fiat, Alfa Romeo etc.
Según Roberto Saviano, perseguido tras desenmascarar en Gomorra los tejemanejes de la Camorra, que son ya una multinacional del criomen organizado, al dedicarse desde la extorsión al tráfico de armas, de la falsificación de prendas textiles de las grandes marcas a lavar su dinero negro en los grandes bancos, que lo aceptan gustosamente en un momento de crisis mundial en el que casi nadie puede ofrecer grandes cantidades de dinero liquido.
Los negocios de la Camorra son como los zaibatsus japoneses: presentes en casi todos los sectores de la economía.

A que vengo hoy lunes por la mañana con este rollo?? Pues llamó la atención una noticia sobre la SGAE, eso que significa Sociedad General de Autores y Editores y supuestamente son los que se encargan de administrar los derechos de los autores. Y después, pues reintegran a cada autor afiliado su parte correspondiente. Lógico, no? Pues no. Porque si tu compones una canción que es la leche y que se pone en todas las discotecas, bares etc, estate tranquilo, porque aunque no estés afiliado o no seas accionista de la SGAE, ellos amablemente les cobran el canon a todo hijo de vecino.... y eso de darte a tí tu parte correspondiente... ni de coña!!!
Mientras que en un primer momento cobraban el canon a discotecas por lucrarse con el trabajo de sus afiliados, rapidamente pasaron a extorsionar a los dueños de los bares... ejemmm digo cobrarles el canón a los dueños de los bares por tener un televisor encendido con los partidos de toda la vida. Pasaron a cobrar el canón en banquetes de boda, porque claro, el matrimonio de lucra con la musica... como lo hacen tambien en conciertos beneficos.
El siguiente segmento de mercado que quieren ocupar es el de las peluquerías, intentando cobrar el canon porque ponen la radio mientras que te están tomando el pelo.
En la peluquería de mi pueblo tambien recibieron la visita de uno de esos inspectores avisandole a Agustín, mi peluquero, cuando aún no tenía el televisor ni los altavoces del hilo musical instalados que si no accedía a pagar el canón se debería atener a las consecuencias.
Toma ya! Y eso después de haber aparcado, para más inri el coche en la plaza para minusválidos. Como Agustín es bastante sarcástico y un poco hijo de puta se limitó a llamar a los municipales mientras tildaba al inspector extorsionador de
discapazitado mental, al no poderle apreciar ninguna discapacidad física, con la consiguiente denuncia.
Agustin me contó que no sabía si tenia que pagarle ahora al inspector ese por haberlo insultado, pero le mereció la pena, porque la cara que puso al presentarse dos policias municipales en el local para entregarle la denuncia al supuesto discapacitado era todo un poema.
Pues eso, dicho lo dicho, abstenerse todo el mundo a cantar en la ducha, cantar los himnos de tu equipo, escribir un libro tras inspirate en otro libro, personaje o una flor.
Para no recibir la visita de vendedores de seguros lo mejor que se puede hacer es taparte la boca, con un esparadrapo, los ojos con un esparadrapo y los oidos con... lo que sea, no vaya ser que digamos, escribamos o pensamos algo fruto de una inspiración externa. No vaya ser.
El Gran Hermano te está vigilando.








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